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SANACIÓN: EL FUTURO POSIBLE

futuro medicina

CIENTÍFICOS ESTUDIAN LOS FACTORES DETRÁS DE LAS LLAMADAS “SANACIONES MILAGROSAS”. LA RESPUESTA LA ESTÁN ENCONTRANDO FUERA DEL CUERPO FÍSICO, EN EL CAMPO ENERGÉTICO QUE UNE TODA LA EXISTENCIA.

Durante buena parte de su vida, Lynne McTaggart se dedicó al periodismo de investigación. Tras su propia experiencia de enfermedad y sanación empezó a hacerse preguntas: ¿Cómo es que funcionan la acupuntura y la homeopatía si el mundo es como nos dicen que es?, se cuestionaba, y con rigurosidad investigativa, comenzó a recopilar hallazgos que demostraban que estamos todos conectados a un nivel subatómico. Sus más importantes hallazgos los inmortalizó en el libro El Campo, publicado en el año 2001.

Al constatar que estamos todos conectados, al saber que nuestros pensamientos también son energía que se propaga a través del campo, su siguiente pregunta fue: ¿Qué sucede cuando varias personas sostienen el mismo pensamiento en el campo? ¿Se convierte en realidad? Los impresionantes resultados de sus experimentos de intención la pusieron frente a una comprensión completamente nueva de cómo el mundo funciona.
EFECTO REBOTE

Lo más curioso que Lynne McTaggart encontró en sus experimentos no fue el resultado externo. Lo más impresionante fue lo que les sucedió a las personas que participaron del estudio, quienes enviaron intenciones de paz o sanación a las diferentes situaciones presentadas. Se produjo un efecto de espejo o rebote que ocasionó que la gran mayoría de los participantes experimentaran cambios positivos en su vida, desde sanaciones a otras bendiciones inesperadas, del tipo de eventos que llamamos “milagrosos”.

McTaggart se puso a estudiar entonces por qué pudo haber sucedido. Y supo que el altruismo tiene el poder de afectar el nervio Vago de nuestro cuerpo y eso activa el sistema inmune. También vio que hay un poder cuando se realizan esfuerzos colectivos a nivel grupal. Y se puso a estudiar las ondas cerebrales de las personas que participaban en los experimentos de intención. Con el apoyo del departamento de Psicología de la Life University, la escuela de quiroprácticos más grande del mundo, realizaron los primeros estudios.

“Encontraron cambios cerebrales extraordinarios, un efecto silenciador en el cerebro, principalmente en los lóbulos parietales, en el área donde la persona termina y empieza el resto del mundo. Y también en las partes ejecutivas del cerebro, los lóbulos frontales, en las áreas relacionadas con la preocupación, la duda y la negatividad”, según explicó la periodista en el podcast radial The Evolution of Medicine. Estos resultados fueron idénticos a los obtenidos por el Dr. Andrew Newberg en sus estudios sobre maestros sufís y monjes budistas en estados de oración extáticos. “Encontré esto fascinante, porque sugiere que el efecto de estos grupos pequeños puede equipararse al de una experiencia mística, una vía rápida hacia lo milagroso, sin necesitar horas ni años de práctica para llegar a ese estado. Sólo necesitas un grupo pequeño que esencialmente oren juntos, o intencionen juntos. La intención es una versión más específica y menos religiosa que la oración. Esto tiene enormes aplicaciones para todo tipo de grupos, doctores incluidos”, dice McTaggart.

Aparte del grupo, hay otro elemento que interviene en la sanación, que es la sensación de comunidad. McTaggart recuerda el estudio de un epidemiólogo que estudió las enfermedades cardíacas de los japoneses. Algo que llama la atención de los japoneses, es que a pesar de que tienen altos niveles de tabaquismo, el porcentaje de enfermedades cardíacas es muy bajo. Sin embargo, cuando los japoneses migran a Estados Unidos, ese porcentaje aumenta, y este epidemiólogo quiso saber por qué. Le sorprendió que la respuesta no estuviera en la alimentación. Comer Big Macs o sushi no influenciaba el resultado. “Lo que importaba más era si eran parte de una comunidad interconectada. Y cuando miras estudios de longevidad, el tema comunitario aparece una y otra vez”, dice McTaggart.
EL PODER DEL SER HUMANO

Otro estudioso de las ondas cerebrales es el Dr. Joe Dispenza. Lo que él busca es enseñarle a las personas a regular sus estados internos para poder sostenerlos independientemente de las condiciones del entorno. El mensaje que él transmite es que no estás sentenciado por tus genes. Todo ser humano tiene la maravillosa capacidad de la adaptabilidad y el cambio. “Si tomas a un grupo de personas y los haces pensar diferente, tomar diferentes decisiones y sentirse diferente, esa es una información nueva que viene de ambientes nuevos y que debería comenzar un cambio epigenético en la expresión de los genes, y eso genera proteínas, que son las responsables de la estructura y funciones del cuerpo de la persona”, dice Dispenza.

Ellos han estado midiendo todo. Básicamente “porque quiero que las personas se den cuenta de lo poderosas que son. Cuando las personas empiezan a sanar, ya no dependen de nada fuera de ellos, sino en los recursos internos con los que pueden comenzar a hacer cambios en su vida personal y en el momento en que comienzan a recibir retroalimentación, ya sea que algo cambia en sus cuerpos o en su entorno, sincronicidades, coincidencias, suerte, están cambiando su energía y así cambian su vida. Luego de años de estudio sé que nadie cambia hasta que no modifica su energía. Ahí es cuando dejamos de ser las víctimas de nuestra vida y nos convertimos en los creadores”, asegura.

Para Dispenza, las consecuencias biológicas del altruismo son totalmente palpables: el nivel de oxitocina aumenta, lo que le da una señal al óxido nítrico que causa que las arterias literalmente se hinchen y el corazón se sienta más lleno, y quieres hacer más de eso porque se siente bien. “Muchas personas se asustan de esto porque te lleva de lo conocido a lo desconocido”, dice el científico. Dispenza asegura que si bien hay quienes piensan que la materia origina el campo, “mientras más estudio, más me doy cuenta de que el campo crea la materia y cuando cambias el campo, cambias la materia”.
SANACIÓN POR SONIDO

Como todo es energía, la vibración se convierte en un elemento esencial de cambio. Y hay estudios que demuestran que el sonido puede llegar a modificar el ADN. El biofísico ruso Pjotr Garjajev demostró mediante experimentos que se puede modificar el ADN tan sólo utilizando sonido y frecuencias de luz. En su laboratorio, transformaron exitosamente embriones de rana en embriones de salamandra transmitiendo la información de los patrones de ADN a través de frecuencias solamente.

Otros experimentos determinaron matemáticamente las frecuencias ante las cuales los virus pueden ser desactivados. Esto surge de una característica inherente de todos los objetos, llamada frecuencia resonante: la frecuencia en la cual cada objeto vibra naturalmente. Todo indica que en un futuro, los virus podrán desactivarse con la simple emisión de una frecuencia determinada que los desactiva.

 

La actual crisis en salud

La nuestra es una crisis de humanidad. Una crisis de sentido. Hemos perdido el horizonte de la vida y, confundido el vivir con sobrevivir, libramos una lucha contra la muerte revestida de SIDA, Cáncer, Tuberculosis, o de precoces enfermedades degenerativas. Buscamos en nuestro cuerpo las consecuencias de lo que hemos hecho con el cuerpo de la tierra, pero si empezamos a pensar que aquello que vivimos en los cuerpos es apenas un reflejo de la conciencia que tenemos de nuestra propia humana naturaleza, ha llegado la hora de despertar a nuestra humanidad.

La gran cadena de la vida es una de interdependencias, y todos somos responsables al romperla. Podemos hacer del instrumento de la vida, nuestro cuerpo, un deshecho de los deshechos que hemos hecho con la tierra. Pero también podemos despertar a nuestra naturaleza humana y saber que nuestra crisis de sentido es una de humanidad.

Podemos hoy humanizar la vida, ascender con la tierra; podemos sentir viva, en nuestra conciencia, la conciencia de todas las especies extinguidas que un día ofrendaron el fuego de su vida para que nosotros pudiéramos encender la antorcha de nuestra humanidad.

Salud y soporte relacional

La calidad de las relaciones es tan definitiva, que el hecho de que los esposos se sientan queridos por sus mujeres es un factor protector que disminuye las complicaciones después de eventos coronarios. Sentirse querido, he ahí algo que incide en la supervivencia y la calidad de la vida. Si alguien inventara una medida que pudiera bajar el riesgo global de enfermar o morir, sería el más firme candidato al Nobel de medicina. Pero ese medicamento ya existe y es el soporte relacional. Dime cómo te relacionas y te diré cuán fuerte es tu salud.

La gente que tiene una buena red de soporte afectivo se enferma menos y cuando se enferma afronta mucho mejor su enfermedad. Cuando alguien nos puede abrazar o acompañar en el dolor, cuando tenemos el campo amortiguador del amor, los mecanismos de adaptación movilizados por el médico interior siempre funcionan mejor.

Son tan contundentes las estadísticas y los estudios científicos sobre estos aspectos de la conciencia, que ahora no nos queda más remedio que contar con ella y empezar a estudiar el pro-fundo significado, ya no a la luz de la metafísica o de la filosofía, sino de la mismísima ciencia. Y no es para menos. El mismo ayuno tiene efectos totalmente diferentes si es voluntario o impuesto.

Es cada vez más evidente que la vida también se nutre de sentido, en otras palabras de querer y de sentirse querido. Cuando en Roseto un pueblo de Pensilvania los inmigrantes italianos tenían un estilo de familia abierto, aquella en la que todo se comparte, la prevalencia de enfermedad coronaria era mucho más baja que la del resto del estado. Cuando se desintegró el modelo de unidad familiar, las estadísticas de infartos subieron a los niveles esperados para el resto del estado.

La nuestra es una crisis de humanidad. Una crisis de sentido. Hemos perdido el horizonte de la vida y, confundido el vivir con sobrevivir, libramos una lucha contra la muerte revestida de SIDA, Cáncer, Tuberculosis, o de precoces enfermedades degenerativas.Ha llegado la hora de despertar a nuestra humanidad.

Todo esto nos revela que la salud es un asunto relacional. Relaciones entre moléculas, emociones, creencias. Relaciones con nosotros, con los otros, con el mundo de lo trascendente. Todos esos patrones de relación son presente vivo en nuestro cuerpo; están allí latentes en nuestra piel, en el cerebro, en el genoma. Como agua viva, un campo relacional empapa nuestro cuerpo y nos conecta al universo. En ese campo cabe la ciencia moderna, las ciencias emergentes, el antiguo arte de curar. Todos son campos de conciencia comprimidos o expandidos, octavas de una vibración fundamental que podemos sintonizar con paquetes de información constituidos por estímulos mecánicos, químicos, electromagnéticos.

Pero también por actitudes, intenciones, imágenes y pensamientos, campos de conciencia que, en ciertas circunstancias, pueden precipitarse en cascadas de energía e información hasta las moléculas.

Aquí tienen sentido el mantram, el mandala, el símbolo, la oración. En todo instante esta magia está sucediendo en el organismo: una idea moviliza neurotransmisores; el solo pensamiento de moverse ya genera actividad eléctrica de complejos grupos neuronales; la tristeza moviliza neuropéptidos que actúan sincrónicamente sobre el sistema inmune, el sistema vascular, el apetito, la libido. Un sentimiento de amor impersonal cambia toda la fisiología y la emisión eléctrica del corazón, que actúa como una especie de cerebro eléctrico ordenador de todos los ritmos. Como una matriz de infinita sensibilidad, orientada al reconocimiento de la unidad, como una armonía destinada a llevar a cada espacio la conciencia de la integridad, cada estimulo denso o sutil desencadena cascadas que inciden sobre la totalidad.

Sentidos Con Alma, Terapias integrales

Sintergética, Reiki, Biomagnetismo, Auriculoterapia, Masaje Tuina, Flores de Bach

 

  • Dra. M. Soledad Lopetegui
  • Myriam Córdova
  • Soledad Fuentes
 
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