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El reto de la nueva medicina

Rescatar la integridad; rescatar nuestra Alma humana; ver la dimensión molecular, emocional y mental como notas de la misma sinfonía espiritual, son los retos de la nueva medicina. Con cuerpo, con alma, con integridad. Cada territorio terapéutico será una puerta abierta a la integridad. En la nueva visión la cirugía irá unida a la oración, la religión y la ciencia estarán integradas. La corriente misma de la creación será percibida como un océano de conciencia intangible cuyo oleaje es el mundo visible.
El cambio ya no podrá ser sólo cuantitativo; cambio de técnicas o de dosis no mejorarán nuestra salud. El cambio será el de nuestra visión del mundo, una visión en la que nosotros seamos parte de la naturaleza, y esa misma naturaleza sea como el mar de la mente universal anclada al corazón y al cerebro. Tal vez en el seno de esa nueva visión, la comprensión amorosa sea nuestra principal herramienta terapéutica. Quizás la paz, el amor, la tolerancia, la ternura, la amistad se conviertan también en medicamentos esenciales de una nueva farmacopea espiritual.
El reto mayor de una medicina integral es el de vincular lo mejor de los recursos de las culturas humanas a los servicios de salud. Esto supone ir mucho más allá de los arsenales terapéuticos de la denominada medina occidental; implica involucrar, además, lo mejor de las medicinas folclóricas y la sabiduría de los grandes sistemas médicos tradicionales del mundo, algunas de cuyas prácticas siguen socialmente vigentes aún después de milenios. Pero, por sobre todo, una medicina es integral, más allá de sus contenidos, por la calidad humana, que con tanta frecuencia se ha quedado rezagada de nuestra ciencia.
El proceso de humanización de los sistemas médicos ha de involucrar a todos los agentes de salud. En un sistema integral no podemos separar al médico del psicólogo, a éstos de las enfermeras y a todos de la partera, de la sabiduría de la abuela, y de todos los agentes naturales de salud que, querámoslo o no, son parte esencial de un sistema médico. Porque éste no es un invento oficial o gubernamental, es realmente una estrategia de supervivencia de toda una cultura.

Confundimos al ser humano con su cuerpo, confundimos la medicina con la sola ciencia y negamos el arte milenario de sanar, que tiene más de palabras o silencios, más de comprensión amorosa y de sentido de vivir, que de técnicas asépticas.

Uno de los grandes dramas de la medicina de hoy es el de la subutilización de los recursos humanos de los sistemas de salud, incluyendo, como el más esencial de todos los recursos, al propio paciente, cuando lo preparamos para ser competente, es decir para ser un artífice inteligente en la recuperación de su enfermedad y la prevención y promoción de su propia salud.

Es una norma elemental en la ética médica que quien suministre los servicios sea competente. Lo que está de veras muy bien, pero no es suficiente, porque es también esencial que tengamos usuarios competentes. Sí, competentes para participar en la gestión de su salud, para implicarse conscientemente en la terapia de su enfermedad, para tener criterios maduros que le permitan escoger sus propios terapeutas. Informar y educar a la gente, es generar competencias que les permitan utilizar el potencial de su cuerpo, hacerlos conscientes del enorme rol que las emociones destructivas juegan en la génesis de gran número de enfermedades, ayudarles a salir de la antigua dualidad cuerpo-mente para descubrir que realmente el cuerpo es mente, y que el orden o desorden de nuestros procesos mentales se estructura sincrónicamente en el cuerpo.
El miedo de morir, el pánico a la enfermedad y los estilos de vida malsanos, han generado un estado de confusión y dependencia que ha desencadenado hasta la pérdida del sentido común en asuntos de enfermedad. Este estado terrorífico de invalidez, que nos ha llevado a perder el poder sobre nuestra propia vida, nos exige hoy la generación de espacios para la autogestión de la propia salud, utilizando el potencial sanador de la conciencia. La salud, como la vida, no se puede delegar sólo en terceros, por eruditos que sean. Nada, ni nadie, puede reemplazar nuestra propia naturaleza, y un verdadero terapeuta es quien puede acompañar y exaltar esa sabiduría viva que encierra toda la experiencia evolutiva grabada en nuestro cuerpo.

Sentidos Con Alma, Terapias integrales

Sintergética, Reiki, Biomagnetismo, Auriculoterapia, Masaje Tuina, Flores de Bach

 

  • Dra. M. Soledad Lopetegui
  • Myriam Córdova
  • Soledad Fuentes
 
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